Esta página no pretende ser un blog de historia, aunque en él se plasmen hechos acontecidos en el pasado. Como su título índica, se ponen en conocimiento acontecimientos que tuvieron lugar en el mismo dia y mes de publicación del post. Están recopilados de la red, mayoritariamente de Wikipedia.
Mostrando entradas con la etiqueta A.C.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta A.C.. Mostrar todas las entradas

sábado, 11 de febrero de 2012

Fundación del Japón (660 a.c.)

El Emperador Jinmu, fue el fundador tradicional de Japón y primer Emperador de Japón de acuerdo al orden tradicional de sucesión. Su reinado abarcó desde el 11 de febrero de 660 a. C. hasta su muerte en 585 a. C.; es decir, gobernó por 76 años.

Este personaje es considerado un "emperador legendario" debido a que su biografía sólo es explicada de primera mano en las crónicas japonesas del siglo VIII, elKojiki y el Nihonshoki; por ende diversos historiadores consideran que dada la poca veracidad de los datos, se duda que este gobernante haya existido realmente. No obstante, la Familia Imperial Japonesa se acoge de manera tradicional a la descendencia del Emperador Jinmu; también actualmente se celebra en Japón el día tradicional de la ascensión del emperador al trono, el 11 de febrero.

Según estas crónicas, el Emperador Jinmu fue descendiente de Amaterasu Ōmikami, deidad del sol y gobernante del cielo, considerada una de las kami más importantes en la mitología japonesa. Murió en el 76º año de su reinado a la edad de 127 años.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Primera huelga de la historia (1152 a.C.)

La comunidad obrera de las tumbas reales (situada en lo que hoy conocemos como Deir el-Medina) desarrolló tres huelgas bajo el reinado de Ramsés III, en el antiguo Egipto. Estas huelgas fueron las primeras documentadas en la historia de la humanidad, algunas de las cuales se recogen en un papiro que hoy se conserva en el Museo Egipcio de Turín. Las huelgas surgieron debido al retraso de las raciones alimenticias (en Egipto no existió la moneda acuñada hasta la dinastía XXX, en el siglo IV a. C.) que formaban parte de los sueldos de los obreros.

Los trabajadores llevaban más de veinte días sin recibir el sustento porque el gobernador de Tebas oriental y sus seguidores habían interceptado el envío. Cuatro meses después, el conflicto se reavivó. La entrega de alimentos se había demorado de nuevo, esta vez dieciocho días, y los obreros se vieron obligados a reclamar lo que era suyo, pero recibieron partidas insuficientes. Por esta razón interrumpieron el trabajo y se dirigieron al templo de Thutmose III en Medinet Habu, donde presentaron sus quejas, exigiendo que el propio rey fuera informado y proclamando: «Tenemos hambre, han pasado dieciocho días de este mes... hemos venido aquí empujados por el hambre y por la sed; no tenemos vestidos, ni aceite, ni pescado, ni legumbres. Escriban esto al faraón, nuestro buen señor, y al visir, nuestro jefe. ¡Que nos den nuestro sustento!». Los sacerdotes tuvieron que soportar duras negociaciones y huelgas intermitentes, y aunque no se conoce con seguridad cuál fue el desenlace de la situación sí sabemos que a partir de ese momento los robos en las necrópolis se incrementaron.

jueves, 11 de agosto de 2011

Muerte de Leónidas (480 AC)

Leónidas, militar y Rey de Esparta, fue uno de los hijos del rey agíada Anaxandridas II. Nació alrededor del año 540 a. C. en la ciudad homónima. Sucedió en el trono, probablemente en 489 ó 488 a. C., a su medio hermano Cleómenes I y se casó con Gorgo, la hija de éste. Al tener dos hermanos mayores, Cleómenes y Dorieo, no se esperaba que pudiera llegar a reinar, pero Cleómenes falleció sin descendencia masculina y Dorieo murió, probablemente poco antes que Cleómenes, en Sicilia luchando contra los cartagineses. Conforme a la educación espartana, Leónidas fue uno de los más grandes y reconocidos estrategas en combate cuerpo a cuerpo de la edad del bronce, y maestro en dichas técnicas, que hoy en día se toman como ejemplo de entrenamiento.

En la Segunda Guerra Médica, en 480 a. C., Grecia entera estaba amenazada por la invasión persa, de manera que Atenas y Esparta, ciudades estado rivales, dejaron a un lado sus diferencias y decidieron unir sus fuerzas para que sus pueblos no fueran devastados, y bloquear al ejército del Rey persa Jerjes I. Los atenienses se ocuparon del mar, al mando de Temístocles (quien derrotó con pocos buques ligeros a la inmensa y pesada flota persa en la Batalla de Salamina), y los espartanos por tierra. Los éforos de Esparta enviaron a Leónidas al frente con tan sólo 300 hoplitas y 4.000 soldados aliados, para combatir ante 125.000 hombres.

Los 300 hoplitas constituían la guardia real, a razón de un centenar por cada una de las tres tribus en que estaban divididos los espartanos. Este cuerpo estaba formado por ciudadanos de Esparta que contasen con algún descendiente masculino a fin de que, en el caso de fallecer en combate, no se extinguiera su familia. Recordemos que la ciudad tenía en su momento apenas 10.000 habitantes.
Los hombres de Leónidas repelieron los ataques frontales de los persas durante cinco días. Las bajas hoplitas eran insignificantes, mientras que las bajas persas ascendían a 10.000 las primeras dos jornadas. Al tercer día, el rey espartano envió a 4.500 soldados de vuelta a sus hogares, quedando sólo su guardia hoplita. Y dijo a sus hombres: «Desayunad bien, puesto que esta noche cenaremos en el Hades». Todo parecía en vano, cuando ese día, un traidor griego de nombre Efialtes, que significa 'pesadilla', condujo a Hidarnes, general persa, por un camino entre las montañas que conducía hacia la retaguardia de los griegos. Leónidas advirtió que esto podía suceder, por lo que había puesto 1.000 soldados voluntarios lugareños en este paso, pero ante el temor de tan vasto ejército, éstos se dispersaron, quedando los espartanos solos y rodeados entre dos flancos.

Fue tal el ímpetu con el que los espartanos lucharon, que la máquina de matar medos para no seguir perdiendo más hombres. Leónidas fue alcanzado por una flecha el 11 de agosto del 480 a.c. y los últimos espartanos murieron intentando recuperar su cuerpo para que éste no cayera en manos enemigas. La batalla duró cinco días y los persas, que pese a derrotar a los temidos espartanos, habían perdido 25.000 hombres, la flota naval había colapsado, y se habían retrasado notablemente el avance, lo que permitió la evacuación de Atenas y la reorganización de las tropas y las fuerzas navales, diezmando la moral de los persas y provocando un buen número de bajas. 

martes, 15 de marzo de 2011

Asesinato de Julio César


No es posible saber con certeza qué condiciones fueron las que llevaron a un grupo de senadores a pensar en el asesinato de Julio César. Los intentos de establecer un régimen autocrático sin duda tuvieron mucho que ver, pero no se puede descartar que hubiera otras motivaciones no tan nobles.

El solo hecho de que un número relativamente alto de senadores estuviera dispuesto a participar en el complot y a matar a César en el propio senado (lo que constituía un sacrilegio), da muestra del estado de cosas al que se había llegado.

En los Idus (15) de Marzo del año 44 a. C., un grupo de senadores, pertenecientes a la conspiración arriba citada, convocó a César al Foro para leerle una petición, escrita por ellos, con el fin de devolver el poder efectivo al Senado. Marco Antonio, que había tenido noticias difusas de la posibilidad del complot a través de Servilio Casca, temiendo lo peor, corrió al Foro e intentó parar a César en las escaleras, antes de que entrara a la reunión del Senado.

Pero el grupo de conspiradores interceptó a César justo al pasar al Teatro de Pompeyo, donde se reunía la curia romana, y lo condujo a una habitación anexa al pórtico este, donde le entregaron la petición. Cuando el dictador la comenzó a leer, Tulio Cimber, que se la había entregado, tiró de su túnica, provocando que César le espetara furiosamente «Ista quidem vis est?» ¿Qué clase de violencia es esta? (no debe olvidarse que César, al contar con la sacrosantidad de la tribunicia potestas, y, por ser Pontifex Maximus, era jurídicamente intocable). En ese momento, el mencionado Casca, sacando una daga, le asestó un corte en el cuello; el agredido se volvió rápidamente y, clavando su punzón de escritura en el brazo de su agresor,le dijo “¿Qué haces, Casca, villano?”, pues era sacrilegio portar armas dentro de las reuniones del Senado.

Casca, asustado, gritó ¡Socorro, hermanos!, y, en respuesta a esa petición, todos se lanzaron sobre el dictador, incluido Marco Junio Bruto. César, entonces, intentó salir del edificio para recabar ayuda, pero, cegado por la sangre, tropezó y cayó. Los conspiradores continuaron con su agresión, mientras aquél yacía indefenso en las escaleras bajas del pórtico. De acuerdo con Eutropio y Suetonio, al menos 60 senadores participaron en el magnicidio. César recibió 23 puñaladas, de las que, si creemos a Suetonio, solamente una, la segunda recibida en el tórax, fue la mortal.

Las últimas palabras de César no están establecidas realmente, y hay una polémica en torno a las mismas, siendo la más conocida:  Tu quoque, Brute, filii mei! (¡Tú también, Bruto, hijo mío!’).